Alcalá de Henares en Madrid

Alcalá de HenaresLos romanos la llamaron Complutum, aunque serían los árabes quienes la bautizaran con su actual nombre Alcala de Henares situada a 30 km de Madrid. Esta hermosa ciudad, que, según la leyenda, cobijó un magnífico tesoro del rey Salomón, guarda otras fascinantes y piadosas historias.

Al-Kala Nahar, El Castillo del Henares. Así llamaron los árabes a la fortaleza que construyeron en el monte Ecce Homo, lugar de asentamiento desde la época del Neolítico. La Complutum romana gozó de cuatro siglos de esplendor, y el siglo XVI la conoció como una de las más relevantes ciudades del país. De esta época datan las historias que confieren a Alcalá todo el misterio que se merece una Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Tesoros y leyendas en Alcalá de Henares

Fueron los árabes los primeros en dejar en Alcalá su huella en forma de leyenda. La más interesante se refiere al tesoro que las tropas de Tariq y Muza trajeron hasta la ciudad, después de arrebatárselo al rey Salomón. El tesoro, una mesa de 365 patas decorada con corales, perlas y piedras preciosas se guardó, antes de ser llevado a Damasco, en el cerro de Zulema, la montaña alcalaína del rey Salomón.

También se guarda el recuerdo de hechos que acontecieron mucho antes, durante la época romana. La iglesia Magistral-Catedral de Alcalá fue erigida en el siglo XV en el lugar donde los fundadores de Complutum martirizaron a los Santos Niños Justo y Pastor. La cripta del templo guarda, entre las reliquias de los mártires, la piedra sobre la que supuestamente fueron decapitados.

Los restos de los Santos Niños se consideraron durante siglos un verdadero talismán. Con el paso del tiempo estas reliquias fueron a parar a San Ubez de Nocito, en Huesca, pero en el año 1568 regresaron a Alcalá.

El cuerpo de un santo

La Catedral guarda también el cuerpo incorrupto de San Diego de Alcalá. Su historia la recoge el investigador Jesús Callejo en el libro Un Madrid insólito. Natural de un pueblo de Sevilla, este fraile franciscano llegó a Alcalá en 1456 como portero del convento de la Orden. Murió tan sólo trece años más tarde, pero en un verdadero olor de santidad.

El milagro más famoso se refiere a la conversión en rosas de los panes que el fraile escondía en su sayal. El administrador del convento, que no era amigo de repartir comida entre los pobres, no tuvo pruebas para castigar al hermano Diego. Cuando desenterraron el cuerpo del religioso, éste apareció intacto y envuelto en un delicado perfume, razón por la que le dejaron una mano fuera del ataúd.

San Diego fue beatificado en 1588, durante el reinado de Felipe II, gracias sobre todo a la milagrosa curación del príncipe Carlos. El hijo del rey sufrió una aparatosa caída en Alcalá de Henares cuando iba a visitar a su amante, una sirvienta del Palacio Arzobispal. Rondaba el año 1562, y la gravedad de las heridas del príncipe convocaron en Palacio a los mejores médicos del reino.

Como la ciencia no lograba salvar al príncipe, Felipe II decidió acudir a la divinidad. Fray Diego de Alcalá había muerto cien años atrás dejando una estela prodigiosa; el rey no dudó en traer a Palacio su cuerpo embalsamado. Tras una solemne procesión, la momia fue introducida en el lecho del convaleciente. Jesús Callejo transcribe la crónica del milagro.

Imagen: MP

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