La Cruz Caravaca, la reliquia de Murcia

Caravaca en MurciaEn Caravaca, pequeña ciudad del noroeste murciano, se custodia una de las reliquias más veneradas, no sólo de España, sino de todos los países en el mundo cristiano. Es la Cruz de Caravaca, cuya fascinante historia nos transporta al tiempo de la reconquista.

Día 3 de mayo del año 1232: el reino taifa de Murcia, regido por el famoso Ibn-Hud, ha entrado en su crisis final. Sólo faltan once años para que los musulmanes se rindan al rey de Castilla. Las tierras de Caravaca habían sido conquistadas en el 1230 por el sayid almohade de Valencia, Abu-Zeit. En el alcázar de la ciudad, el gobernante musulmán interrogaba a un grupo de prisioneros. Faltaban pocas horas para que se obrase el milagro.

Dos ángeles trajeron la Cruz

Entre los cautivos estaba el sacerdote Ginés Pérez Chirinos, que había venido de Cuenca para predicar entre los islamistas. El sayid le preguntó por su oficio: él dijo que lo suyo era obrar misas. Al jefe moro le picó la curiosidad y le proporcionó para que celebrara allí mismo el acto litúrgico. Cuando el sacerdote iba a empezar, se percató de que el sayid se había olvidado del crucifijo que debía presidir el Ara.

‘Y fue al momento cuando, por la ventana del salón, dos ángeles transportaban un lignum crucis que depositaron en el Altar, y así pudo continuar la misa. Ante la maravillosa aparición el sayid Abu-Zeit y toda su corte se convirtieron. Después se comprobó que la Cruz era del Patriarca Roberto de Jerusalén’. Así relatan el suceso las dos historias locales más antiguas: la de Robles Corbalán (1619) y la del padre Cuenca (1722).

Al amparo de los cristianos

La Cruz de Caravaca es un lignum crucis, es decir, un trozo de madera perteneciente al leño donde fue crucificado Cristo. La reliquia, por su contacto con lo sagrado, adquirió, en los inseguros tiempos de la reconquista connotaciones protectoras. Pronto proliferaron las narraciones milagrosas sobre la Vera Cruz.

Una de ellas es la del Caballero de la Orden de Santiago don Pedro Ruiz de Alarcón. En 1485 fue herido durante la defensa de Coín (Málaga) y hecho preso por los moros. Don Pedro, muy devoto de la Vera Cruz, se encomendaba a ella cada noche. En una ocasión, mientras oraba, se le apareció la propia Cruz; cuando despertó de la mística contemplación estaba ya entre los suyos. El Caballero donó diez mil maravedíes para una lámpara de plata que todavía se conserva en la Capilla Mayor del santuario de Caravaca.

Reconocimiento universal

Acabada la reconquista, la fama de la Cruz de Caravaca se propagó por todo el mundo cristiano. La Iglesia la reconoció en Bulas y Decretos Papales, y los misioneros en América y los jesuitas en Europa, se encargaron de popularizarla (se guardan reproducciones, por ejemplo, en Filipinas y en el museo de la Universidad de Cracovia). La fe en la Cruz no se reduce con los años: no en vano, los soldados españoles que fueron a Bosnia portaban en su pecho la Vera Cruz de Caravaca.

Foto: Víctor F

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