Recorrido turístico por Gerona

Ciudad de GeronaA los pies de los Pirineos, muy cerca del Mediterráneo más bravo, Gerona fue uno de los grandes centros judíos de la Península. Al hermetismo que áun se conserva se añaden las sugerentes historias sobre el mítico Gerión.

Muchas son las leyendas que hablan sobre el origen de Gerona, aunque en todas el gigante Gerión aparece como protagonista. En alguna incluso se le identifica con el Ter, el río de frías aguas que junto con el Onyar y el Galligants riega la provincia catalana. Agua y tierra, mar y montaña, son dos elementos claves en la historia de los mitos gerundenses.

La bella Pyrene

Pyrene y Gerión -los Pirineos y Gerona, en definitiva- aparecen ligados desde tiempos muy anteriores a la fundación de la ciudad. Dos versiones muy diferentes corren sobre la relación entre ambos personajes. La primera asegura que Pyrene, tras quedar embarazada de Hércules, dio a luz un monstruo de tres cabezas, al que llamaron Gerión. El río Ter, al que otras leyendas adjudican oro bajo sus aguas, ha sido reconocido como la reencarnación del tricéfalo: tres son los brazos en los que se divide antes de morir en el Mediterráneo.

La otra leyenda coincide en colocar a Hércules como amante de Pyrene, pero Gerión, ahora tricéfalo pastor de las montañas, juega un papel bien diferente. El monstruo, de agrio carácter, decidió quemar el bosque del noreste de Iberia (Gerona), refugio de Pyrene tras haberle rechazado. Antes de entregarse a los brazos de Gerión, Pyrene prefirió morir abrasada. Hércules, con ayuda de los Titanes, la levantó una formidable tumba que besaba los dos mares, el Atlántico y el Mediterráneo.

La herencia judía presente en Gerona

El otro gran atractivo misterioso de Gerona es mucho más palpable: el ambiente que aún se respira en su judería. La antigua Corona de Aragón tuvo durante 500 años en esta ciudad una de las más prósperas comunidades judías, con cerca de mil hebreos.

Las leyes internas de la judería estaban reguladas por la aljama, su institución básica. Aunque los hebreos disfrutaban de una suerte de autogobierno, era el propio rey quien nombraba, entre sus hombres de confianza, al que sería el alcalde de los judíos. Pero aún así, éstos no dejaron de ser considerados entre los cristianos como peligrosos hechiceros. El secretismo y la seriedad de la aljama propició el cultivo de la cábala y el conocimiento de sus enigmas por parte de los judíos.

La cábala está invariablemente unida al mundo judío. El hebraísta Eduard Feliú la define como el término acostumbrado con que se designa la enseñanza de carácter esotérico y teosófico de muchos de los místicos judíos de la Edad Media, enseñanza que buscaba, como todo misticismo, los atributos de Dios y elementos de la Creación que están más allá de la recepción del intelecto.

El recuerdo hebreo está patente también en la Torre Gironella, parte de una antigua fortaleza romana que fue utilizada como refugio durante los ataques cristianos del siglo XIV. Según la tradición los judíos permanecieron allí más de cuatro meses; otra leyenda va más allá y asegura que los israelitas sólo pudieron salvar la vida después de una intervención milagrosa. Así se explica el dicho que aún se oye entre los gerundenses: per mentre duri la Torre Gironella, o lo que es lo mismo, mientras dure la Torre Gironella.

Imagen: JM

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