Sri Lanka: información para tu viaje

Mapa de Sri LankaEn Sri Lanka, la antigua Ceilán, la religión se vive con una intensidad fuera de lo común. Aunque la población es mayoritariamente budista, el hinduismo o el islamismo contribuyen también aquí se den cita las más fascinantes peregrinaciones.

Alrededor de un 70 por ciento de los habitantes de Sri Lanka son budistas. Esta religión, que llegó a Ceilán hacia el siglo III a.C., adquiere aquí unas características propias, empapada como está de las influencias hinduistas y musulmanas. La extraordinaria peregrinación anual al Templo de la Antorcha, o Perahera, es la mejor muestra de cómo todos los dioses pueden fundirse en sólo uno.

Skanda: el gran hijo de los dioses

En la ciudad suroriental de Kataragama se reúnen cada año miles de fieles para venerar a Skanda. Aunque de origen hinduista, esta divinidad es honrada también por los budistas y musulmanes. Los primeros reconocen en él al rey que acogió a Buda durante su segunda reencarnación en Ceilán. Los islámicos, sin embargo, lo identifican con Alejandro el Grande, conocido también como Zul-Qarnain, que llegó al país en para descubrir la legendaria Fuente de la Vida, lugar donde se levantaría una mezquita.

Según la mitología hindú, Skanda es hijo del Gran Yogui, Siva, y Parvati, la de los ojos de pez, reina de los duendes y los espíritus. Sólo de unos padres así podía nacer el héroe que sometiera a los temidos antidioses Taraka y Mashisha. Como gran guerrero que era, Skanda se caso con Devasena, símbolo del ejército, pero pronto se rindió a los encantos de la bellísima Valli, con quien se estableció en el Menik Ganga, el río de las joyas, en la selva de Kataragama.

Rituales de creencias y colores

Los festivales de Kataragama se celebran en julio, durante las dos semanas que preceden a la luna llena. En ellos se escenifican las adúlteras incursiones de Skanda con Valli, a quien visita cada noche a su templo, iluminado por vasijas en las que arde el alcanfor. La multitudinaria procesión sigue en silencio al elefante, cubierto con sedas y oro, que transporta la figura del dios. Ellos le dedican toda clase de flores y frutas; otros van mucho más allá.

Las ofrendas a Skanda adquieren un carácter milagroso con las penitencias de los yoguis (hinduistas) o los bawas (musulmanes). Pese a las tremendas mortificaciones a las que se someten, estos fieles parecen estar fuera de todo sufrimiento. Los fakires yoguis se balancean suspendidos por garfios que se clavan en la espalda o caminan sobre alfombras de brasas, mientras que los bawas se atraviesan con agujas la lengua y párpados y se cortan el vientre con puñales. Sorprendentemente en estos suplicios no corre ni una gota de sangre, aunque cualquier hemorragia sería sofocada con una simple imposición de manos.

Aunque la de Perahera es quizá la que más fieles reúne y la más espectacular, sin duda, otra importante procesión es la que se hace a la cumbre del monte Adán, en el centro-sur de la isla. Los musulmanes creen que Adán y Eva vivieron aquí tras ser expulsados del jardín del Edén.

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