Transilvania, mapa de carreteras y vista satélite

Mapa de carreteras de Transilvana. En la legendaria Transilvania, morada del conde Drácula, hace un siglo que se le paró el reloj. Los habitantes de esta región rumana viven en un tiempo estático, anclados en sus viejas tradiciones pero también en las más terroríficas supersticiones.

En las montañas de Transilvania, a la sombra de los Cárpatos, se respira un aire cargado de misterio y de terror. La sombra del conde Drácula, figura popularizada por el escritor inglés Bram Stroker hace más de cien años, sobrevuela los mismos bosques en los que, según las leyendas locales, se esconden los temibles licántropos, los hombres que, por culpa de una maldición o un pacto con el demonio, se han convertido en lobos. Dicen los transilvanos que, en las noches de más frío, abandonan sus refugios y liderando manadas de hambrientas fieras atacan a todo ser viviente.

La inquietante presencia de los strigoi

Los licántropos no son las únicas criaturas mágicas que vagan por la vieja Transilvania. Más que a los hombres-lobo, los pobladores de esta región temen a los no muertos, a los strigoi, aunque en Occidente les llamemos vampiros. El temor a estos demonios, que acaban con la vida de los humanos extrayendo su sangre, está documentado desde la China a México o Polinesia, pero es quizá en las tierras eslavas donde se conserva de una manera más profunda.

La vida en Transilvania sigue girando en torno al campo. Los derechos sobre las tierras no han variado desde hace un siglo y aún se practica el trueque como base de la economía. Los transilvanos subsisten con lo imprescindible; incluso a muchos no les llega ni para procurarse un lugar en el cementerio. Por eso está tan extendida la costumbre de enterrar a los muertos en los jardines de las propias casas, algo que quizá acreciente el miedo a los strigoi. ¿Pero qué son exactamente estos seres?

La misteriosa leyenda de Drácula

La superstición eslava asegura que hay personas, sobre todo asesinos y suicidas, que, al morir, se convierten en vampiros sedientos de sangre. Primero atacan a sus familiares, y después, cuando han acabado con ellos, a los extraños. Todos los que son atacados por el vampiro se vuelven de su misma condición. La única forma de acabar con ellos es descubrir la tumba del no muerto, localizar su cadáver y clavarle de un seco y certero golpe una estaca en el corazón. En los Balcanes, para completar el proceso, quemaban el cuerpo del vampiro. A la hoguera iban incluso a los animales que podían haber tenido contacto con él, por el temor a que se reencarnara en alguno de ellos.

El vampiro es un demonio; de hecho, ‘Drácula’ en rumano significa ‘diablo’. Probablemente Stroker se inspiró para el nombre de su personaje en el de un príncipe medieval de Valaquia, Blad Dracul. A pesar de su apellido, Dracul no se distinguió por su diabólico comportamiento, aunque todo lo contrario se puede decir de su hijo. Vlad El Empalador, como se le conocía, estuvo siempre rodeado por una leyenda de violencia, sangre y terror.

Los otras criaturas de Transilvania

hadas

En la tradición mágica de Transilvania, una región agreste y boscosa, no podían faltar otros seres mágicos: los duendes y las hadas. Las leyendas locales aseguran que los duendes, oscuros y siniestros moradores de los lagos y minas, no dudan en atacar a los hombres si se sienten molestados. Las hadas, de aspecto más inocente, bailan durante la noche envueltas en gasas transparentes. Dicen que quien las oye cantar puede trasladarles tres deseos, aunque nunca se las puede ver: quien lo hiciera quedaría ciego para siempre.

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